"Sleepy Hollow": ¿cómo se analiza una secuencia?

El cine esconde grandes secretos para conseguir transmitirnos las emociones que sentimos. Hoy te presentamos un análisis completo de la secuencia inicial de Sleepy Hollow (1999), una de las películas más populares de Tim Burton.


Basada en el relato de Washington Irving y protagonizada por Johnny Depp y Christina Ricci, la cinta relata las investigaciones del inspector Ichabod Crane (Depp) en el tenebroso pueblo de Sleepy Hollow acerca de los asesinatos cometidos por un misterioso y sanguinario jinete sin cabeza.



Lo que queremos destacar es cómo el director juega con el espectador en lo referente al miedo a través de distintos recursos narrativos y técnicos. El principal motivo por el que hemos elegido analizar la secuencia inicial y no otra es porque constituye el prólogo de la película y sirve como carta de presentación al espectador de lo que va a presenciar. Además, es un ejemplo perfecto en cuanto al tema que nos referimos y se repetirá durante toda la trama.


La secuencia comienza con la firma de un testamento por parte de Peter Van Garrett

(Martin Landau), uno de los hombres más influyentes del pueblo de Sleepy Hollow. Una

vez firmado, Peter se dispone a hacer un viaje en diligencia donde, de repente, su cochero

es decapitado. Para ponerse a salvo, Peter huye a los campos de maíz más cercanos donde

es finalmente decapitado por el jinete sin cabeza.



El tema que queremos analizar ya está presente en el primer plano de la secuencia: un plano

detalle de un líquido similar a la sangre sobre un papel. Como espectadores, pensamos que es sangre real. Se trata de un primer contacto entre el director y el espectador, además de que la sangre constituye uno de los elementos clave de la película y un rasgo muy distintivo de Tim Burton.


Desde el primer plano de la película, el director ya empieza a jugar con el espectador en torno al horror. Este plano se va combinando con otros mediante transiciones que indican el paso del tiempo hasta llevarnos de nuevo a un plano detalle de una mancha roja cada vez más amplia. El siguiente plano de una vela roja fundiéndose con la llama nos confirma que el líquido misterioso no es sangre, lo que refuerza el juego entre director y espectador.



Hay que destacar que los planos utilizados en esta primera escena son muy cerrados, de cara a que el espectador se centre más detenidamente en la mancha o el testamento, puesto que es una información que se desarrollará a lo largo del filme a nivel de tramas y subtramas.


El comienzo de la segunda escena viene marcado por un plano detalle de los caballos y la diligencia envueltos en una niebla dispersa, otro elemento clave. Podemos ver el dibujo del sello para establecer una continuidad en el cambio de escena y la identificación del personaje de la diligencia.


La siguiente sucesión de planos tienen el objetivo de transmitir tranquilidad hasta la aparición del jinete, mostrando nuevos elementos. Este es el caso de la aparición de los campos de maíz y de un espantapájaros.


Esta tranquilidad aparente pronto se esfuma con la aparición del jinete, elemento que aún

no hemos visto pero sí oído. Este juego entre director y espectador se refleja muy bien en las reacciones de Peter ante los sonidos porque está desorientado, no sabe qué va pasar. Esta situación de incertidumbre se disipa una vez que Peter se asoma y contempla horrorizado que su cochero ha sido decapitado.



Transcurrido todo esto, nos adentramos ya en el desenlace de la escena y de la secuencia

en su conjunto. Peter está fuera del carruaje y huye a través de los campos de maíz para ponerse a salvo. En este tramo, vemos una sucesión de planos muy cerrados de corta duración para reforzar la incertidumbre del personaje, una agonía que el director trata de hacer llegar a los espectadores para experimentar el miedo.


Esta situación de agonía, miedo y desesperación parece llegar a su punto culmen con el

encuentro casual entre Peter y el espantapájaros. Aquí merece destacar la aparición del rayo como señal del aparente susto de Peter. En los planos del espantapájaros apreciamos que la cámara lo muestra mediante planos contrapicados (desde abajo), dándole superioridad frente a Peter. Sucede lo contrario en los planos de Peter, pues lo vemos en plano picado (desde arriba).



Una vez descargada toda esa desesperación mediante el susto, llega la verdadera sorpresa: la aparición del jinete y posterior decapitación de Peter, siendo el espantapájaros el “testigo” del crimen cometido, dando fin a la secuencia. Aquí una vez más destacamos la capacidad del director para jugar con el espectador, esta vez mediante un “falso susto”, precedido del susto final o verdadero, recurso constante durante toda la película.


Como punto final a la secuencia, está el primerísimo primer plano de la cara del espantapájaros manchada de sangre y bien iluminada por un rayo, con el fin de mostrar el juego entre director y espectador de un modo tétrico, sangriento y morboso, propio de Tim Burton.



Conviene destacar tres aspectos importantes de esta secuencia: la iluminación, la ausencia de diálogo y el hilo conductor de la música. Todos ellos contribuyen a consolidar el tema que pretendemos destacar en este análisis. La iluminación es es sombría y oscura, especialmente en el exterior, y cuenta con la ayuda de los efectos especiales, la niebla y los rayos, con el fin de incrementar ese matiz oscuro y sombrío.


La ausencia de diálogo es fundamental para que esta secuencia tenga sentido y constituya un excelente prólogo de cara al desarrollo del filme. Puesto que se trata de un filme de terror, el diálogo queda relegado a un segundo plano. Sin embargo, un buen sustituto del diálogo

es el uso de la música como hilo conductor y narrativo. Tiene un papel fundamental en esta secuencia marcando el ritmo y los tiempos de la misma, subrayando los momentos de máxima tensión.



Por último, queremos insistir en que el tema que tratamos de destacar en el presente análisis se repite a lo largo del filme. De esta manera, el director, por ejemplo, juega con el espectador en la escena del falso jinete sin cabeza, en la escena del hallazgo del Árbol de los Muertos, en la escena de la iglesia o en el propio clímax del filme, entre otras.


Por Sergio Díaz Lacarra