Ryan Murphy (I): Formas de reflejar la realidad

Desde hace unos años, la ficción televisiva comienza a tener grandes nombres detrás. Personas que escriben, producen y, a veces, hasta dirigen sus propios proyectos y que dan una marca de autor, un punto de vista y una forma de contar las historias. La figura del showrunner (creador y productor ejecutivo de una ficción televisiva) cobra cada vez más fuerza no solo en la industria, sino en la cultura audiovisual.


Los autores empiezan a tener su sitio. Su nombre vende series y los fans ya no lo son solo de series, actores o directores, sino de escritores. Y si hablamos de los grandes de la televisión, uno de los más señalados en Estados Unidos es, sin duda, Ryan Murphy. El creador de series como Glee, American Horror Story, Pose o The Politician ha participado en más de once proyectos en diez años y algunos con gran peso internacional.



Pero, ¿qué hace especial a Murphy? No solo que es el productor mejor pagado de la historia gracias a su contrato con Netflix de 300 millones de dólares por crear nuevo contenido para la plataforma. No tuvo un comienzo fácil, su padre lo rechazó por ser homosexual y él decidió mudarse a Los Ángeles para ser periodista, primero, y guionista poco después. Así empezó en 1999 con Popular, la ficción que creó junto a Gina Matthews para The WB.


Si te acabas de dar cuenta de que el título te suena, te diremos que es aún más probable que la hayas visto, pues en España los derechos se los quedó Televisión Española. La ficción cuenta la historia de dos chicas que, de repente, tienen que convivir como hermanas cuando sus padres se comprometen. La chica popular y la nerd. Puede sonar a tópico, pero, lo que la hace especial es que Ryan Murphy había sido el nerd y toma ese punto de vista para sus trabajos.



La parodia, la idea de reírse de uno mismo y de los estereotipos que deben cumplir ya existe en Popular, pero coge sitio realmente en Glee, donde comienza a escribir con dos nombres que lo acompañarán toda su carrera: Brad Falchuk e Ian Brennan. Esta serie fue icono para muchos y logró consolidar con una masa de fandom bastante reseñable (durante sus años en emisión, los fanfictions -historias creadas por los seguidores sobre sus personajes- que se escribían eran superior en número a los de proyectos como Juego de Tronos o The Walking Dead).


Y no era para menos. La comedia musical que estuvo seis años en emisión nos ha dejado escenas y personajes imposibles de olvidar, como Rachel Berry, que encarna el estereotipo perfecto de una mujer fuerte que tiene claros sus objetivos, pero aquí acaba el parecido, ya que Rachel no sabe cómo alcanzarlos -y es una pringada para todos menos para ella misma-. En una de las primeras conversaciones con Finn, el quarterback y su futuro amor, le dice “el resto del equipo espera que pase algo entre nosotros, tú el atractivo solista y yo la chica ingenua que gusta a todos”. Es entonces cuando un personaje que no deja de ser una nerd se atribuye a sí misma un estereotipo de la ficción romántica que no cumple para nada.



Pero vamos a más. El mensaje de Glee no es otro que luchar por quién quieres ser porque vale la pena. Y para una generación fue así. Ya sea por Santana, latina y lesbiana, que no era capaz de salir del armario; Mercedes, que no es espectacular físicamente, pero se siente una diva; o, por supuesto, Kurt Hummel, un chico inseguro, que se quiere dedicar al teatro musical, pero siempre queda eclipsado y que sufre acoso por su abierta homosexualidad; esta ficción es de esas que no puedes evitar recordar en un lugar muy especial. A eso súmale música, purpurina y la vida de instituto, ¿por qué no la estás viendo ya? Pista: la puedes encontrar en Netflix.



Y si quedaba gente por no conocer a Ryan Murphy, el creador decide escribir junto a Brad Falchuk una serie antológica cogiendo todos los elementos propios de sus ficciones juveniles y añadiéndole fuertes dosis de terror y un casting increíble. Nace American Horror Story (disponible en Netflix). La parodia de las series de terror que te hará engancharte a las series de terror.



Esta ficción se convierte en el ejemplo perfecto de que el género es una maravillosa excusa para reflejar la realidad social en la que nos encontramos. Y es que el feminismo, el colectivo LGTBIQ, el populismo en Estados Unidos o, incluso, el trato a los pacientes con problemas de salud mental quedan reflejados en las temporadas de la serie. De hecho, esta inmersión en la serie ha provocado que actores como Evan Peters tuvieran que darse un descanso de la misma, porque ya les estaba afectando de forma personal.


Cada temporada se ha ido convirtiendo en un nuevo reto para Murphy. Empezar de cero, solo con un casting que tenía que convertir en nuevos personajes. Y esto ha dado lugar a jugar con el audiovisual -American Horror Story: Roanoke es una serie que narra un falso documental intercalado con lo que ocurrió de verdad en una casa abandonada-. Pero también a explorar diferentes elementos y mitologías propias del terror desde brujas a fantasmas y combinarlos con el miedo que da la vida real (sectas, maltrato, radicalización) para crear una serie entretenida y con mucho que decir. Aunque es cierto que algunas temporadas más que otras…



Pese a que no está escrita por el propio Ryan Murphy, otra de las series más sonadas en las que adquiere un fuerte protagonismo es American Crime Story. La ficción dirigida y producida por Murphy ha sido galardonada, entre otros, con el Emmy y el Globo de Oro a mejor miniserie en las dos temporadas que se han llevado a cabo. En ellas se basa en crímenes reales conocidos por la sociedad y explica las circunstancias que lo rodeaban. Siempre con fuertes tintes de ficción, esta serie ya se ha atrevido con O.J. Simpson y el asesinato de Gianni Versace. ¿Lo próximo? El escándalo entre Lewinsky y Clinton. Ya lo estamos esperando.