¿Quiénes empezaron?

Posiblemente pienses que la visibilidad del colectivo LGTBI comenzó bastante tarde, pero la realidad es que se remonta a los inicios del cine. La primera película de amor homosexual, en este caso entre hombres, data de 1919. Hablamos de Diferente a los demás, una película muda alemana dirigida por Richard Oswald durante la República de Weimar.


Cuenta la historia de Kurt, un aprendiz de violín que admira al maestro Paul Körner. Consigue convertirse en su alumno y, clase tras clase, se enamoran. Los padres de ambos rechazan su relación y, a partir de ahí, derivan una serie de consecuencias que acabarán con un trágico final.



La producción pudo ver la luz gracias a que en 1918 se había abolido la censura. Sin embargo, su polémico estreno fue una de las causas por las que se retomó la censura en Alemania en 1920. La película fue prohibida y solo podían verla médicos e investigadores. Durante el nazismo, todas las copias fueron destruidas, pero, afortunadamente, se encontró una copia ucraniana en los años 70 que nos permite disfrutar de ella a día de hoy.


La llegada del cine sonoro fue la que realmente impulsó la visibilidad homosexual, aunque, en muchas ocasiones, eran personajes estereotipados que servían para divertir al espectador. Independientemente de estos, algunas películas donde podemos encontrar guiños a la homosexualidad tanto masculina como femenina son Muchachas de uniforme (1931), la primera película abiertamente lésbica de la historia, La reina Cristina de Suecia (1933) o Johnny Guitar (1954).



A partir de los 60, tras años luchando contra una férrea censura, el cine ya empleaba la palabra “homosexual” con total normalidad en muchas de sus cintas y, a partir de la década de los 70, el cine comenzó a concienciarse con el término LGTBI. De este modo, sobresalen películas como Los chicos de la banda (1970), Sebastiane (1976) o Mi querida señorita (1971), donde se habla abiertamente sobre la identidad de género.



Poco a poco, el cine ha conseguido ganar la batalla a la censura y mostrar de forma más abierta y real situaciones cotidianas, sentimientos puros y escenas llenas de vida. Lo estamos consiguiendo, pero la lucha no debe parar. Para terminar, os dejamos el tráiler de la última película de Xavier Dolan, Matthias & Maxime, estrenada hace pocos días en las salas.



¿Y las series?


Sí, sabemos que cuando pensamos en series que abrieron camino a la libertad y visibilidad sexual, pensamos en proyectos como Queer as Folk y The L World. Y aunque es verdad que fueron las primeras producciones protagonizadas de forma casi íntegra por representantes del colectivo LGTBQ, pararse en la historia de la televisión nos deja algunas joyas que vale la pena pararse a mirar.


¿Cuándo comenzaron a darse besos dos hombres o dos mujeres en televisión? Pues la mayoría de los más recordados son de los años 90. Hace apenas treinta años era impensable ya no ver a personajes homosexuales, sino expresiones de cariño entre ellos en series. Y los que abrieron la veda fueron, curiosamente, las series protagonizadas por jóvenes.


Quizá por un mensaje de que el mundo estaba cambiando, quizá por llegar a un público que estaba creciendo y que demandaba otra televisión, el hecho es que los años 90 nos dejan personajes y relaciones míticas que vale la pena recordar. Y, ya que estamos, series que vale la pena recordar. Picket Fences, por ejemplo. Esta ficción cuenta la historia de una ciudad ficticia de Roma, en Wisconsin, y lo utiliza como excusa para reflejar circunstancias o situaciones que comenzaban a preocupar a la sociedad americana a finales del siglo XX. El crítico Lorenzo Mejino la describe como “arriesgada y rompedora” y una serie digna de recuperar. Sí, fue un progreso este beso entre mujeres, pero la escena tuvo que rodarse varias veces para que tampoco se viera demasiado...



¿Otro ejemplo? Dawson Crece. La ficción que cuenta el desarrollo de un grupo de adolescentes en un pequeño pueblo de Estados Unidos incorporaría en su segunda temporada a dos personajes que abrirían distintos debates necesarios en la sociedad americana del momento. Los hermanos Andie y Jack McPhee reflejaban realidades como las enfermedades de salud mental y la vida de un chico homosexual que no es capaz de “salir del armario” por miedo a las reacciones de sus más queridos. De hecho, el beso que protagonizó Jack con Ethan (uno de sus amores en la serie) es uno de los primeros entre dos hombres de la televisión. Y de los más bonitos.



Series como Relativity o Will y Grace siguieron creando una cultura más abierta de la que sentirnos más orgullosos. Aunque, como muchos siguen reclamando, el verdadero paso fue poder ver los gestos de afecto entre estas parejas o personajes de forma libre.


Pero, ¿y en España? Son varios los ejemplos a inicios de los 2000 de que la sociedad ya iba cambiando. Diana en Siete Vidas, una mujer abiertamente lesbiana que trataba de superar los 30 con algo de éxito en su carrera profesional o Mauri y Fernando en Aquí no hay quién viva. El propio Luis Merlo hablaba de su personaje como el personaje que le dio popularidad, pero también como una responsabilidad con lo que estaba contando y reflejando. Lo mismo le ocurría a Anabel Alonso, aquí te dejamos un vídeo en el que te lo cuenta ella misma.



Por supuesto, también las series juveniles fueron claves en este país para hablar del amor entre personas del mismo sexo. Compañeros o Física o Química (quién puede olvidar al maravilloso Javier Calvo como Fer) son grandes ejemplos de ello. En estos años, en concreto en 2007, Carla Antonelli se convertía en personaje regular en El Síndrome de Ulises encarnando un personaje transexual, como ella. La historia de Gloria, la camarera a la que daba vida, era según las propias palabras de Antonelli, "integradora, del tipo de cosas que ayudan a normalizar la transexualidad".


Lo que parece claro es que desde estas pequeñas historias que formaban parte de grandes tramas a los protagonismos reconocidos ahora por personajes que forman parte del colectivo estamos dando grandes pasos. Pero que, como reflejo de la realidad, la ficción -y los creadores y productores- sigue teniendo mucho camino que recorrer.


Te lo seguiremos contando.