4 lecciones que NO hemos aprendido en estas series y películas



Estamos en la semana del 25 de noviembre, Día internacional contra la Violencia de Género. Por supuesto, en estas fechas cientos de cuentas y blogs publican información necesaria para la prevención y denuncia de esta forma de ejercer violencia ante una mujer. Y una de estas medidas es que aprendamos a reconocer y fomentar relaciones de pareja sanas e igualitarias.


Sin embargo, ya sea porque la ficción vive del drama o porque es el reflejo de una realidad en la que aún se catalogan como románticas relaciones que son tóxicas, muchas de las parejas que vemos en televisión y cine siguen siendo, al menos, motivo de reflexión. Lo que nos lleva al siguiente dilema: ¿esos productos audiovisuales promueven una cultura en la que se aceptan las relaciones dañinas o el problema es la falta de educación cuando los consumimos?


Igual que sabemos que no está bien tunear coches y hacer carreras ilegales, pero veremos Fast and Furious hasta que salga la número 50 de la saga, o que no debemos robar en el Banco de España por muy enganchados que estemos a La casa de papel; la clave reside en entender qué comportamientos no son adecuados en relaciones de pareja de películas y series que han sido un éxito comercial.


Así que hoy te traemos 4 lecciones que son muy fácil de olvidar, pero que debemos tener en cuenta cuando vemos ficciones románticas.

Friends: las almas gemelas -si existen- no se meten con calzador.



Los fans de Friends no dejan de crecer conforme avanzan las generaciones. Pero los detractores y haters están a la orden del día: la serie ha sido catalogada de machista, homófoba y muchas otras etiquetas que, probablemente se deban más al contexto en el que se creó que a una verdadera intención por parte de la ficción. De hecho, la serie, pese a no buscar una verdadera crítica social, nos ha dejado escenas y personajes que mucho tendrían que decir en la actualidad: desde las nuevas masculinidades a través de Chandler hasta mujeres como Mónica que deciden, incluso, pedirle matrimonio a su pareja.


Sin embargo, sí que hay comportamientos que -a nivel de aprendizaje- deberíamos plantearnos cuando estamos hablando de relaciones sentimentales. Y Ross y Rachel, por supuesto, son un ejemplo de ello. Aunque es cierto que Ross no demostró ser un buen novio a lo largo de la serie -recordemos que acompañó a su novia/alumna a las fiestas universitarias por celos y que mintió a otra de sus parejas para que no supiera que tenía un hijo- no sería justo culpar íntegramente al personaje de que la relación no fuera sana. Y es que, desde el principio, Rachel y Ross han tenido comportamientos cuestionables con el otro.



Primero, por sus constantes rupturas y discusiones. De hecho, los capítulos en los que estaban bien y su relación funcionaba sin esfuerzo eran mínimos. Y no solo porque fuera una sitcom que vive de cruces de opiniones; si no porque no concebían las relaciones de la misma forma. Y es que algo que empieza con Ross apuntando pros y contras para decidirse entre su novia y Rachel, de la que no encuentra nada bueno excepto que “es Rachel”, no es romántico, es ofensivo. Igual que cuando, después de un ataque de celos de Ross, Rachel decide dejarlo y Ross se lía con otra chica, cosa que resulta imperdonable para la protagonista. Más o menos moral, Ross pasará siete temporadas pagando haber pasado la noche con otra estando soltero. Hasta el punto de que Rachel se niega a volver con él si no admite que la ruptura definitiva (tras esos supuestos “cuernos”) es íntegramente suya. A esto le siguen decenas de capítulos en los que alguno de los dos -sino los dos- parecen seguir sufriendo por un amor que nunca les hizo felices.




Grease: nunca cambies por tu pareja.


Música maravillosa, película divertida, protagonistas icónicos; pero, de nuevo, un aprendizaje peligroso en una relación sentimental. ¿Estarías dispuesto a cambiar todo lo que eres por amor? Y es que Sandy trata durante toda la película de encajar en la vida Danny, el chico del que se ha enamorado perdidamente y que es totalmente opuesto a ella. Al final, se da cuenta de que la única forma que tiene de salir con él es siendo una nueva Sandy. Volviéndose una mujer atrevida, vestida en cuero y cañera con Danny. Y él cae a sus pies.


Que Grease es una película que nos encanta a todos, que engancha y que hace que la hora y media se pase en diez minutos está claro, pero siempre siendo conscientes de que es ficción y no un modelo de vida. Lección 1: el chico malo -o chica mala- que pasa de ti y se ríe de ti delante de sus amigos no es un partidazo. Lección 2: si tu pareja cambia por ti es mala señal. Primero, porque si se esfuerza por ser diferente es porque no encajáis y, segundo, porque la estás obligando a ser alguien que no es. Y nadie merece eso.



El diario de Noah: sí puedes vivir sin él. Romper no es un fracaso.



Volvemos a lo mismo. Es una historia preciosa para muchos, el auge del romanticismo, pero no un buen aprendizaje. El diario de Noah es la exaltación del alma gemela, una pareja para toda la vida y de que si no conseguimos eso, hemos fracasado. Esa idea es la que provoca que muchas relaciones intenten aguantar juntos aunque no funcionen, e, incluso, se hagan daño.


Y es que la sensación de ambos protagonistas de que son el amor de la vida del otro, seamos sinceros, los hace desgraciados. No conciben la posibilidad de estar separados y eso hace que lleguen a pensar que su mundo no tiene sentido si no están juntos. La imagen clara es que, ante la negativa de Rachel McAdams por comenzar la relación, Gosling -que luego pasará años enviándole una carta cada día, aunque no obtenga repuesta- la amenaza con tirarse desde lo alto de una noria. Y es que, ¿cómo podemos aceptar las rupturas si aprendemos desde pequeños que son un fracaso? ¿Debemos ver el amor como hacer todo por una persona, incluso, abandonándote a ti mismo?


(500) días juntos: tenéis derecho a querer cosas diferentes. Y a no enamoraros.



Y habla de ella una gran fan de la película. Pero volvemos a tener comportamientos que no son muy recomendables para entender las relaciones románticas. Y sí, yo también odié a Summer la primera vez que vi la película. Y lo difícil es entender que no hay ningún malo, si no que la relación no funciona. Y es que a veces, por intentar gustar, tendemos a amoldarnos a situaciones que no son como queremos. Eso es lo que le pasa a Summer, que intenta llevar una relación de pareja “normal” por Tom, no por sus sentimientos o porque quiera hacerlo.


De hecho, la protagonista es sincera desde el principio: “no quiero nada serio”, dice después del primer beso. Pero vemos la película desde la perspectiva del chico y soñamos con un enamoramiento mágico que Summer no deja de repetir que no existe.



Y vamos a más, una de las mejores cosas de esta película es que nos presenta a dos personajes que rompen con los estereotipos de género. Summer: segura de sí misma, divertida, pragmática, despreocupada. Tom: mucho más romántico, soñador, inquieto, tímido. La duda reside en si de verdad estamos creando a nuevos personajes más complejos o si simplemente cambiando los roles chico-chica representamos mejor la sociedad.